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La Coctelera

Cuaderno de Ulises

palabras contra el agua

8 Septiembre 2009

El precipicio de las aceras

Una caricia sobre el océano, un gesto que me haga cerrar los ojos de esta ciudad, de tanta cafeína. A veces pienso que al doblar la esquina me encontraré con dunas de arena caliente y una gaviota que me avista cómplice en su vuelo sostenido. No, no he tenido vacaciones, pero no me ocurre esto sólo en tiempos de estío. Siempre he querido escaparme en pleno invierno, en esos días grises, poblados de caminantes cabizbajos, cuando el diente de león en la ensalada no es lo más amargo. Nos resguardamos en un cierto sonambulismo y hacemos equilibrio sobre las paredes de edificios para no tropezarnos con el paraguas de enfrente o para que el viento no nos lleve a su lecho, entonces levanto mis ojos y espero que en el próximo giro, aparezca la misma lluvia púrpura cayendo sobre mojado, destacando más si cabe el blanco derramado en la arcilla. Cualquier hueco abierto en esa pared continua, es visto como una salvación, un portal, un bar o incluso un banco, ya mismo cobrarán hasta por eso. Preferiría saltar de paraguas en paraguas, cuidando de no darme en algún dintel creo que sería más seguro que ir esquivando alambres o personas, porque en realidad de qué nos resguardamos en invierno. Es curioso como nos ponemos a cobijo de la lluvia y acudimos en masa a dorarnos al sol, cuando el primero está mucho más cargado de vida y es, cada día, más necesario que el astro rey, pero será eso de buscar el calor como algo casi inevitable. Es cierto que la mañana que uno se levanta con Freud en la cabeza, la lluvia podía caerle a otro, pero eso no es motivo para aborrecer ese refresco. Con gotitas o sin ellas, el hecho de aproximarse a una esquina, es como ir a un precipicio, no sabes que hay detrás, da igual que vaya uno con prisa o sin ella, es toda una lotería que algunos entenderán como casuística -los descreídos y los frikis-, otros como destino -románticos y religiosos- y los que lo vean como una devacle -pesimistas,conservadores, existencialistas...- además del que lo ve como una oportunidad de algo -ese sería un amigo, creo que es el único. De vez en cuando sucede que estás próximo y piensas ¿habrá alguien ahí detrás?, pero sigues, por que eso sí egoístas un rato, nadie interrumpe ese ritmo frenético que llevamos, y cuando ya se ve qué hay más allá, nos damos cuenta que hay vida y rápidamente esquivamos y continuamos pidiendo perdón, porque por escasos dos segundos no se ha estampado nuestra cara de frente con alguien. Entonces piensas, absurdamente qué hubiera pasado si hubieras llegado dos segundos más tarde, pues claro, te la abrías llevado por delante, acto seguido recapacitas y piensas que depende quien hubiera detrás, pues desearías haberte dado de bruces con la otra persona y, lógicamente maldices, esta vez, a tu mala fortuna.  Siempre utilizamos el azar para nuestra conveniencia, pero para bien o para mal, el azar sólo depende de sí mismo. Si uno lo piensa las esquinas son un buen lugar para encuentros, para ver aquello que te impide esa calle estrecha por la que vas, para quedar, acordarte de algo o alguien, por el simple hecho de transgredir la línea recta que llevas hasta ahí.

Ah! pero eso sí, que sean esquinas en ángulo recto, porque las esquinas redondeadas no las soporto, es como introducirse en un laberinto o una película de miedo, cuando la empiezas, parece que no acaba, y comienzas a caminar sin darte cuenta más y más rápido con el simple deseo de acabarla y parece no tener fin, pero cuando llegas, plaf! ahí está tu sorpresa.... o es un golpe de narices, o es una calle sin sentido alguno.

servido por cuaderno-de-ulises 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

jotatrujillo

jotatrujillo dijo

Brillante y "guadianico" amigo: lúcidas y profundas reflexiones llenas de lirismo y verdad.
Es un verdadero lujo el leerte.
Un abrazo.

9 Septiembre 2009 | 05:39 PM

cancion

cancion dijo

La verdad es que es un placer leerte ;) Un beso!

9 Septiembre 2009 | 09:39 PM

Arturo Ripstein

Arturo Ripstein dijo

Trampantojo luminoso y cierto. Me acabas de dar una idea que habría que perfilar para un proyecto común nuestro, fuera de lo común.

16 Septiembre 2009 | 05:16 PM

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Sobre mí

Un viajero más en la vida, estudiante de muchas cosas, romántico de época, amigo hasta la médula, algo freudiano y psicólogo, pésimo optimista, cartesiano, analista de corazón, hipocondríaco y esdrújulo, algo clásico que no tradicional, bañado de liberal, amante, creyente en Penélope y no en Circe. Pero sobre todo un soñador que espera encontrar Ítaca algún día y no morir en el intento.
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