Equipaje de mano
Tanto esperar y al final lo de siempre, cerveza con una tapa de ensaladilla, llegar aún nervioso a todas las citas o hacer a última hora las maletas. ¿Por qué no cabe nunca todo ahí dentro? Parece que sea otro reflejo más de nosotros. Hay dos opciones o expulsar fuera algo u oprimirlo y llevarlo dentro con nosotros hasta que al abrir desatemos las correas que ahogan los cuellos. Perdemos ropa interior en batallas lejanas, calcetines por caminos que no conocíamos y las arrugas de las camisas nos dejan cicatrices en el pecho.
Así son los viajes y no las visitas; esas sólo son una bofetada de sorpresa o de espabilo, mientras los otros se hunden en la piel hasta el punto de que allí donde vamos algo nuestro se queda y cuando regresamos descubrimos en el espejo que no somos los mismos.
A veces, incluso, tanto tránsito nos deja inmersos en cierta esquizofrenia que no nos deja saber qué viaje es el de ida y cuál es el de vuelta.

Javier de Blas dijo
Hola
Soy otro Ulises que ahora viaja por el Mediterráneo. Puse título al blog n que publico este periplo y descubrí que ya había un Cuaderno de Ulises. Lo cambié por Desde la Bañera: desdelabanra.blogspot.com. El grifo está abierto y el agua temperada. Entra cuando quieras. Un saludo. Javier
5 Abril 2011 | 10:44 PM